Ni puenting ni milongas. La vida misma es un salto al vacío.

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Hoy es uno de Septiembre, todo va volviendo a la normalidad poco a poco y cojo de nuevo este montaje con ansias supremas, después de este desenfreno de verano.

No me he quitado las chancletas Chanclas de los pinreles, salvo en ocasiones puntuales, eso, unos shorts y una camiseta miserable ha formado parte de mi atuendo veraniego. Y luego para qué tanta codicia convulsiva en las rebajas…

En una charleta con Gin-tonic COPA en mano sobre nuestras aventuras veraniegas, peligros de la vida, mi amiga Lalu aseguró que lo más arriesgado que ha llevado a cabo este verano es montar en noria. Y doy fe de ello porque estaba con ella y jamás vi rostro más pálido. indio-y-piel-roja-imagen-animada-0055 ¡Jau!

Bar aseguró que el suyo era difícil de superar, porque parir un retoño sí que es una hazaña en toda regla.

Quedan exactamente 20 días para que acabe la estación más deseada del año por el mundo mundial y aún tenemos tiempo para vivir al límite y con frenesí de narices. Yo de momento me resisto a quitarme las chanclas y mi camiseta mugrienta a ver si así se desatan nuevas peripecias. Que parir no he parido, pero también he tenido mis riesgos adrenalínicos.

Por ejemplo, he sido perseguida por un rebaño de ovejas Oveja asesinas. Se quedaron mirándome fijamente, levantaron la cabeza, arrastraron su pata por el suelo cual toro bravo y se lanzaron a envestirme sin piedad. Yo salí despavorida corriendo más rápido que cuando hacía la prueba del test de cooper en la clase de gimnasia, y no dejé de correr hasta que mi cuñado me juró que eran mansas e indefensas.

También hemos ido a pasar unos días a la casita CASITA de campo que os conté aquí  y hemos hecho “doblete” en la disco. Y es que dormir siete personas en una sola habitación de cuatro camas es un guateque inevitable. Más aún cuando el interruptor de la luz está encima de la cabecera de Bobe, una tentación difícil de resistir. Ahí se pasó el condenado, venga a encender y apagar sin ton ni son, motivado por la risa floja de sus cómplices. El motín que allí se montó sí que fue un frenesí de primera y sólo fueron subyugados bajo la amenaza de ir a dormir fuera con los jabalíes. Mano de santo.

Hemos salido a coger descargamoras, nos hemos ortigado y mis piernas han quedado llenas de rasguños por las zarzas como heridas de guerra. Pero ha merecido la pena consumir esa mermelada a rebosar de calorías.

He trepado a un árbol Árbol con afán de sentirme jovial, y casi la pifio. Subir ha sido fácil pero el descenso no es moco de pavo, a pocas hago el “Spagat” en contra de mi voluntad y una ya no está para estos menesteres.

No entiendo para qué rebuscar tantos tinglados y emociones fuertes si cada día es un deporte extremo. Ni puenting, ni rafting, ni milongas varias.

Agarrar el “bol” de palomitas Palomitas y no os perdáis este corto lleno de misterio y acción en vena.

La vida misma es un salto al vacío en el que se necesita valor y coraje. Está llena de aventuras al límite para descargar toda la adrenalina por los poros, nenas.

Se nos acaba el chancleteo, pero se acerca el taconeo. Y hasta el próximo verano tenemos mucho tablao para bailar.

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