Las cosas ricas desaparecen como el espetec…y como el Marmitako.

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Ayer por la mañana abrí una caja de cereales de los ricos. En mi casa llamamos a las galletas y cereales de dos formas. De los ricos o de los rancios.

cerealesA las 8,30 de la mañana cuando fui a recoger la cocina, me quedé flipada. No quedaba ni el polvito que sueltan y que está tan bueno. Por supuesto nadie había sido. Todos habían cogido poquitos. Pero a mí no me engañan. Que sé de sobra que mientras no les miraba, se los echaban a puñados a ver quién come más que luego se acaban. Y luego me explico los dolores de barriga y los supositorios, porque estos niños están demasiado chocolateados.

 

Por eso cuando me dicen:

-¡Mamá compra galletas de las ricas!

Yo prefiero comprar de las rancias. Lo rancias que se quedan porque duran un mes dentro de la caja.  O los cereales de miel, que duran tanto que se compactan en una sola pieza, y para echarlos hay que dar de martillazos con la cuchara.

Y no me pillan porque nosotros hacíamos lo mismo.

Me acuerdo cuando mi madre guardaba el chocolate en los sitios más insospechados, pero nosotros siempre encontrábamos el escondite. Una vez llegó una visita a casa y mi madre muy amable le ofreció bombones, la caja estaba perfectamente cerrada. Éramos unos expertos en la materia. Pero dentro no había ni rastro. Y cuando preguntaba quién había sido, todos decían:

-¡Yo solo cogí dos!

Pero claro, 2+2+2… son todos.

Me contaba una amiga, que ella tiene un zulo en el salón donde esconde “las cosas ricas”. Su hijo necesita adelgazar así que, ella y la niña, se lo comen a escondidas pero, el otro día, su hijo les descubrió con las manos en la masa. Todavía no sabe si le perdonará tal traición. Estas cosas pasan hasta en las mejores familias.

Y es que con “las cosas ricas” no se juega, que son cosas muy serias.

De pequeña me encantaba el jamón pero, formaba parte de la familia de “las cosas ricas”, así que estaba metido por algún compartimento secreto de casa.

Un día me planté y le dije a mi madre que quería cambiar el salchichón por el jamón, y de ahí no me movía hasta que no me lo diera. Pero de nada sirvió;  a mi madre le importó un jamón mi perreta, y sin él me dejó.

Cuando cogí la mochila para ir al cole toda enfurruñada noté que pesaba más de lo normal, pero no le di importancia. Llegué a clase, me senté, y al abrir la cremallera me pegué un tremendo susto al encontrarme con una pezuña gigante que me quería atacar. Los graciosillos de mis hermanos me habían metido al cerdo dentro. ¡Quieres jamón, pues toma jamón!

Lo peor fueron las interminables horas que pasé en el cole, deseando que sonase el timbre y fuera salvada por la campana. Solo de pensar el olor que desprendía mi mochila y que alguien se diera cuenta de que teníamos a Porki en clase, me podía marcar para el resto de mis años colegiales.

¿Qué mote me pondrían?, ¿Peggy?, ¿La Jamona?…¡Cosas de la life!

 Aquí, nuestra amiga Peggy que tiene muy buen paladar, fue a visitar las cocinas de Catering Malena, donde estaban preparando un Marmitako de salmón para un regimiento. Y tuvieron la amabilidad, de contarnos paso a paso como hacerlo. Es facilísimo y perfecto para sorprender a nuestros comensales en estas fechas que se acercan.

¡Gracias Malena!

Plural: 2 Comentarios Añadir valoración

  1. Elena dice:

    Lo que me he reído !…. La vida misma

    1. Isa dice:

      Jijiji cosas que pasan en todas las casas.

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