La receta de la pócima mágica 💫

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Aquel día mi madre se enfadó mucho conmigo y no era para menos. Pero yo lo tenía claro y aquello no me gustaba nada, tenía que acabar con ello cuanto antes.

Ese día fue el principio de esta aventura.

Recuerdo coger a escondidas los retales de tela cuando íbamos a la modista a probar aquellos vestidos llenos de volantes y nido de abeja que yo repudiaba. Y luego usarlos para hacer vestidos a mis muñecas o cojines para mi habitación.

Nunca me quitaba aquellos zapatos rojos de lunares blancos con los que andaba por casa machacando el parqué mientras la vecina de abajo daba golpes en su techo con el palo de la escoba, suplicando silencio.

Pero yo estaba taconeando y forjando en mi cabeza muchos proyectos.

Llevo encerrada en mi zulo cual posesa, peleándome con las teclas del 💻 ordenador y rebanándome los sesos para poder terminar esto bien lo antes posible. Lo que parecía fácil ha sido un trabajo de locos y mis ojeras están ahí presentes para demostrarlo.

La semana pasada creí haberme vuelto tarada del todo. Un día de esos “cacosos” en los que todo sale al revés y te arrepientes de haberte levantado de la cama. Mi blog se estropeó de nuevo y una serie de catastróficas desdichas me chafaron el día. Cerré la puerta de mi zulo, donde cuezo todo este sarao. La cerré con candado 🔒 dejándome las llaves dentro. Ahí me ves trepando por la pared y metiéndome por un hueco que queda entre ella y el techo para saltar dentro de la habitación.

Si alguien me viera en estos momentos no creería en mi marca, pensé.

Y salté de un brinco del muro al suelo. Cayendo, para seguir completando la patética jornada, encima de la brocha con la que acababa de pintar una de las paredes. Resbalé y me caí sobre mis posaderas. Entonces descubrí que de algo había servido alimentar con tanto ahínco mi pandero durante las navidades.

Y también me di cuenta de que Ishaces es una marca fresca como aquella pintura, real como la vida misma, divertida como estas historias y bonita♥  como todas las mujeres.

No defrauda porque es auténtica, porque es capaz de mezclar en un solo recipiente lo caótico y bonito de todos los días formando un delicioso guiso en toda su esencia.

Porque todas en algún momento del día somos muy Bridget Jones y en otros instantes somos un poco Audrey Hepburn 💕

 

Aquel día mi madre se enfadó conmigo. Sí, se enfadó porque cogí con tan solo tres años unas ✂ tijeras, y decidí cortar por lo sano de cabo a rabo aquel vestido que me traía por la calle de la amargura. Sabía lo que me gustaba y aquel no era mi estilo. No me decía nada.

Hay mucho que decir, amigas. Muchas cosas que contar y que gritar al mundo. Hay muchas razones para reír, para brindar y para estar guapas.

Y el estilo no es solo un montón de ropa. Es también un testimonio de nuestro ser, de nuestro estado de ánimo y nuestra forma de ver la vida.

Y después de perder horas de sueño, de dar la brasa al maromo hasta el infinito, de reír y llorar al  mismo tiempo como una esquizofrénica y de mandar por momentos a freír espárragos todo esto, puedo decir que la shop para chicas Ishaces está casi terminada. Que si el destino no se empeña en mandarme otra vez un desfile de infortunios, la próxima semana estará lista.

Que hay días penosos y días estupendos, que hay lunes y hay viernes. Pero si mezclas actitud con lentejuelas, caos, 🎀 lazos, una lágrima de Briget Jones con una pestaña de Audrey Hepburn y una cuantas risas y lo revuelves bien, sale la pócima para convertir cualquier día en una fiesta.

Un brebaje llamado Ishaces para mujeres normales que quieren estar bonitas todos los días y poner estilo a la vida misma.