La verdad a veces duele y lo sabes.

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De pequeña me encantaba jugar a los Lupa detectives, de hecho no me hubiese importado nada dedicarme a esto. Nunca es tarde si la dicha es buena y llevo varios meses ejerciendo de ello. Tanto es así, que me estoy planteando seriamente hacer algún curso a distancia para que me den el título. Pues mira tú, veo que no se me da nada mal esto de resolver misterios y hallar culpables,  y le estoy cogiendo el gusto a meterme en el papel como el mismísimo pipaSherlock Homes.

Los hechos comenzaron la tarde del 28, me encontraba en la cocina con “El Gato” ayudándole a hallar la hipotenusa, el radio y demás milongas. Mientras miraba por debajo de la mesa a escondidas mi móvil Móvil  y buscaba en Google la maldita formula, sonó desde el piso de arriba la melodía del equipo de fútbol del Gato. Y este salió como un rayo hacia su habitación subiendo los escalones de dos en dos. Mientras, me dio tiempo para resolver todas mis dudas vía internet y poder explicárselas a mi hijo, como la madre sabia que cree que soy.

Pero bajó con las manos en la cabeza gritando: ¡Me han robado, me han robado!

Todo encajaba, la música procedía de su caja fuerte, así suena cuando alguien la abre y efectivamente faltaban billete10 €urazos, pero en la habitación no había ni rastro, ni huella alguna.

Después de explicarle “al Gato” que era hora de que fuera cambiando la contraseña: 0000 por alguna más complicada de adivinar por los ladrones, me dispuse a interrogar a todos los sospechosos.

En este caso sospechosas, ya que “Bobe” se encontraba en el momento de los hechos con nosotros en la cocina, vaciando el armario de los tupper por quinta vez.

Pero estas se hallaban en sus respectivas habitaciones como si nada, y se declararon inocentes cuando intenté indagar en el tema. Parecía que no iba a ser un caso fácil y Google, esta vez, no tenía la respuesta para el problema.

Llegó la hora de la cena y con ella, el momento perfecto para observar a todas las sospechosas.Cualquier gesto, mirada  ojos o movimiento en falso podría delatar a nuestra culpable.

Fuimos hablando de nuevo con cada una de ellas, mientras analizábamos minuciosamente sus reacciones, sus manos y sobre todo sus ojos. Una pista que resultó ser clave fue la revelación por parte de “Checho” de que al día siguiente iban a vender algodones de azúcar en el cole.

Tras la cena, y con esta nueva pista sobre la mesa, mi maromo y yo fuimos inspeccionando hucha por hucha, viendo como andaban las tres sospechosas de capital.
detective dibujo
Solo una de las tres estaba vacía, la de la misma que miraba para abajo y se tocaba las manos durante la cena. ¡Por fin teníamos a nuestra culpable!

Después de comunicar que teníamos al responsable y que si este confesaba le reduciríamos la pena (como así fue) les soltamos el sermón de que hay que decir siempre la verdad, que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo, la verdad te hará libre y bla bla bla.

A lo que la pequeña Checho añadió: “Digo siempre la verdad aunque me cueste”

-Eso, eso, reafirmé. Con mentiras no se va a ningún sitio.

Unos días después de estos acontecimientos me encontraba yo sacando una lavadora y cuál fue mi sorpresa al ver como un puñetero calcetín rojo había desteñido los pantalones nuevos y varios polos de mi consorte. No dije nada, metí todo en la lavadora y volví a programarla. Pero nada. Le eché doscientos potingues y quitamanchas, pero tampoco. Así que escondí la ropa hasta poder resolver el entuerto. Me hice con un producto infalible, eso fue lo que me dijeron, y así puse a remojo durante dos días las prendas de mi querido.

Al pasar las 48 horas fui a ver si la pócima había surgido efecto, pero todo estaba igual, lo metí en una bolsa, lo llevé a la basura y me callé.

calcetín

Hasta que días después él me preguntó: ¿Dónde están mis pantalones nuevos? Llevo días buscándolos.

Tenía la esperanza de que nunca los echara en falta, pero se dio cuenta. No tuve más remedio que contarle toda la verdad, a lo que me contestó con un indiferente: “¡Vale!” y zanjó el asunto.

Llevaba días sufriendo, bajando a escondidas a remover la poción mágica y le importó un pepinopepino.

Estaba encadenadaesposas a mí mentira  y las palabras de “Checho” retumbaron en mí oído: “Digo la verdad aunque me cueste”.

Tanto les hemos intentado inculcar el valor de la sinceridad que han hecho demasiado alarde de ello y “Ponyo” le ha dicho a la abuela de sopetón que está demasiado gorda, ya les he explicado que no hace falta ser tan extremadamente sinceros.

La verdad a veces duele, y solo la gente que realmente te quiere tiene el valor de herirte para poder curarte.

El grado de una verdad es proporcionalmente igual al amor que alguien te tiene.

La verdad

 

Plural: 4 Comentarios Añadir valoración

  1. Yo creo que desde que te haces mamá, tus capacidades como detective se incrementan!
    A mi madre le llamábamos sherlock holmes! Tenía la capacidad de encontrar las cartas que enviaban desde el cole… aunque tu pensases que la habías perdido!

    1. Ishaces dice:

      Jajaja la llamabais así? La mía tb encontraba todo, aunque lo escondieses fenomenal, era imposible tener un secreto.

  2. Ishaces dice:

    Espero que te lo dejaran brillante, yo debería llevar el mio también!
    Muchas gracias Patricia y un beso!

  3. mamapuede dice:

    Ayyy amiga, ¿pensabas que como buena detective no te iban a pillar? Aplícate el cuento y di siempre la verdad! Jaja

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