La peripecias de Bobe

Una semana apoteósica 

Lunes: 

Bobe ha decidido hacer la colada. Mete el pijama de su hermana, el traje y la corbata de su padre dentro de la bañera.

Justo en esos momentos en que no te da la vida y vas a contrarreloj: cenas, baños y niños pasados de rosca, todo en bucle.

Martes:

La cisterna de mi baño no funciona.

“¡Qué raro! hace poco que me la cambiaron entera y me costó una pasta”

Me dispongo a llamar al fontanero, pero antes, más que nada por ahorrarme los euros, decido ejercer de ñapas. Abro la tapa del depósito, y… ¡ohhh sorpresa! encuentro mi cepillo de dientes, desaparecido días antes, atascado en la bomba del váter.

Miércoles:

Hay demasiado silencio, es raro.

Bobe no aparece. Empezamos a buscarle pero no está en ningún lado.

Bajo al garaje a toda caña. Sí. Está ahí.

Está sentado en el suelo, asaltando la despensa.

La caja de cereales ricos, esos que solo duran un día, tienen un agujero del tamaño de su puño.

Las tabletas de chocolate están por el suelo y hay un bote de leche condensada forzado. Pero Bobe no se inmuta.

Jueves:

Hora de salir pitando para el cole. Todos peinados, morros limpios y extra de Heno de Pravia.

Doy el toque de queda y Bobe aparece en canicas en la puerta.

Viernes:

Bobe vuelve al ataque, se birla otra tableta de chocolate y se esconde debajo de la mesa. Tarde de rumba y de dolor de tripa.

Sábado: 

9,30  de la noche. llegamos a casa con un niño más a dormir. Bobe se encierra en el baño con pestillo y no puede salir. No tenemos un destornillador que encaje para desarmar el manillar.

10,30 de la noche. Por fin Bobe sale del baño y le importa un pepino la que ha liado. Pero el invitado lo pasó pipa.

Hemos preparado un plan de acción para derrotar al villano.

Prometo que si vencemos la batalla me compro una botella de Möet Chandon y dos si hace falta.