La gran historia de tu marca personal.

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Hace unos días subí una foto al Insta como de costumbre. Al cabo de unas horas recibí un WSP de mi hermana en el que me decía que salía con cara de panoli.  Era la cara que tenía ese día, lo que pasa es que no me había dado cuenta hasta volver a observar bien la foto por segunda vez .

Un día de esta semana, otra de mis hermanas estaba ordenando la caja de fotos familiares de casa de mis padres, tropecientas fotografías 📷 mezcladas de distintos años, épocas y modas. Y ahí fueron apareciendo algunas que jamás deberían salir a la luz, por eso de mantener intacta la reputación de uno, digo.

Menudas risas que nos echamos de todas las estampas que mi hermana iba enviando al chat de hermanos. Allí no quedo uno a salvo.

Como la de uno de ellos con mocasines y calcetines blancos, cosa que solo Michael Jackson se podía permitir, y que cualquier otro ser humano de la faz de la tierra hubiese sido desterrado de cualquier red social por atentar contra el buen gusto.

O la foto de cuando me daba por cepillarme el pelo, una y otra vez, para librarme de aquellos rizos que no me gustaban nada y que lo único que conseguía es parecerme cada vez más a Mufasa.

Estas y otras fotografías nos hicieron pasar un buen rato.

Fotos espontáneas, algunas borrosas y de mala calidad. Muchas de ellas en la cocina, con el paño de cuadros y alguna tartera cochambrosa de fondo.

Pero que te trasportaban hasta aquel día y te hacían recordar todas aquellas vivencias.

El por qué llevaba esa falda espantosa de color marrón pocho que mi madre me había hecho en la modista. O por qué en aquella foto salía con un flequillo que parecía cortado por mi peor enemigo.

Ese fue el día en que me dio por coger unas ✂ tijeras y poner fin a mis ansias locas de poseer un flequillazo como el de mi compañera de clase, lo que pasa es que el mío quedó mal y estuve unos cuantos meses pareciendo un champiñón fuera de temporada 🍄

Detrás de cada una de aquellas imágenes había una divertida historia que contar, cosas que pasaron. Reales. En aquel lugar, a esa hora, en ese sitio y fue como volver atrás en el tiempo.

Mi cara de panoli  es la que tenía aquel día, qué le vamos a hacer.

Porque hay días que estas muy mona y te sientes como una “It girl”.  Y hay otros días que una no da para más y se te queda cara de panoli. Así es la vida.

Pero he llegado a la conclusión que lo corriente y natural con un filtro de esplendor es lo que hace algo extraordinariamente genuino ♥

Y si no, confesad cuántos de vosotros  os habéis visto inmersos en una batalla por hacer una foto familiar medianamente decente:

-¡Niño sonríe!

-¡Mira a la cámara, coimés!

-Espera, esta no, que salgo muy gorda…

-Esta tampoco, que salí con un ojo a la virulé…

Yo, después de ver las fantásticas galerías con fotos estupendas, niños impecables y entornos de ensueño, casi me siento como en aquella foto en la que llevaba el look champiñón con falda marrón podredumbre.

Hasta que he salido por la puerta  y me he encontrado al niño de mi vecina hecho unos zorros y he oído desde la otra punta el grito desafinado de su  madre. Y te digo de verdad que ese niño estaba de foto.

Una de mis féminas acaba de hacer un proyecto para el colegio sobre su marca personal sin copyright . Ha terminado el trabajo con una frase algo así:

” Mi marca personal soy yo, con lo que hago, con mis gestos , mi día a día… viviendo como pienso. Siendo auténtica”

Y con esto no tengo más que decir. Solo que vivan las fotos en la cocina, las de los bailes en el salón y las de los ojos bizcos.

Las que salen borrosas y te cuentan una gran historia. En las que se ven los empastes y las de “me pillaste desprevenida”. Y mételes un filtro bonito.

Pero jamás de los jamases os pongáis mocasines con calcetines blancos. Eso no.

Las autoridades sanitarias advierten que el copyright genera mucha ansiedad. Sé tu misma.

 

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