13 cosas que me hacen feliz en verano.

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Mientras íbamos conduciendo camino de la playa “El Gato” espachurró su cara en el cristal y señalando con el dedo un pedazo “casoplón” de impresión nos dijo: “Cuando sea mayor os voy a comprar esa casa” !Pfffff…quién pudiera!

Al mismo tiempo sonaban en la radio anuncios de viajes paradisíacos, cruceros y yates que prometen la felicidad veraniega y entonces “La Checho” propone emprender un crucero BARCO de quince días de duración para el próximo año. ¡Pffff! Yo echo una carcajada mientras bajo del coche y soplo a pleno pulmón la balsa hinchable. Desplegamos el campamento con mucho énfasis y me siento con las amigas a charlar en la tumbona mientras veo a los niños hacer un castillo en la arena CASTILLO-ARENA mojada.

Hablamos de las vacaciones y una de ellas me comenta la oferta que ha encontrado en un apartamento precioso a pie de playa. La otra cuenta los días para viajar al pueblo con su familia y pasarse allí todo el mes de Agosto. Y yo estoy deseando que mi maromo coja sus días para poder fugarnos a la casita CASITA de campo. De pronto fantaseamos mientras una lee en una revista sobre un artículo de un hotel de gran lujo en la Conchinchina. ¡Pfff…quién pudiera!

Sí, esos “Pffff” deben de ser muy caros. Los sueños sueñono son baratos pero la realidad es gratis.

El verano pasado mi tía nos ofreció su casita de campo para ir a pasar unos días al pueblo de mi infancia. Hacía tiempo que no iba y la recordaba con mis ojos de niña. Me encantó la idea, y recordé mis veranos en el pueblo yendo a pescar renacuajos, las excursiones por el monte recopilando moras para luego hacer MERMELADA mermelada, las tardes de lluvia jugando con las katiuskas puestas y las charlas en la plaza del pueblo comiendo pipas mientras cincuenta señoras se acercaban a decirme que eran primas segundas de mi tía, o que su padre era el hermano de mi bisabuelo y me iban saliendo parientes por todos lados.

Allí nos fuimos todos y cuando llegamos me di cuenta de que la palabra casita era literal. Mi memoria de niña me había traicionado y recordaba aquello mucho más grande. Cuando vi que solo había una habitación con seis camas  tuve ganas de llorar. Mientras, los niños saltaban en las camas gritando a pleno pulmón: “¡Estamos de campamento!”

Tal cual, eso era un campamento CAMPAMENTO en toda regla, no se parecía en nada a mi idea cool de unos días de ensueño en el campo.

Esa noche me acosté en la cama que estaba pegada a la pared y me desperté en la que estaba al lado de la escalera con “Checho” y “Ponyo” encima de mí. La noche fue movidita, mucho y me dieron ganas de mandar al cuerno a mis días campestres.

Pero mi maromo se había levantado antes, y había preparado el desayuno en el porche. Las vistas eran increíbles, desde allí se divisaban las montañas verdes que de pequeña excursionaba con mi abuelo y mis hermanos, y a lo lejos se veían unas VACA vacas pastar mientras el único sonido que se oía era el piar de los pájaros. Entonces se me olvidó la “cutrez” elevada al cubo de mi cuarto y me di cuenta de que la suite estaba fuera. Los niños salieron corriendo y escalaron un árbol que estaba frente al porche y lo convirtieron en su cabaña. Esa tarde comí pipas en la plaza y saludé a unas cuantas señoras parientes mías que no conocía de nada.

 

Campo

Pony

Invitamos a unos amigos a pasar el día e hicimos una parrillada con cervezas y copichuelas, mientras, los niños rodaban por la hierba cuesta abajo y me vi reflejada en ellos años atrás. ¡Pffff! ¡Menudo verano de ensueño!

Si los sueños no son baratos, no sueñes ¡coña!     ¡Despierta y vive el verano! CHANCLAS

13 COSAS QUE ME HACEN FELIZ EN VERANO:
  1. Las paelladas familiares de ciento y la madre que se hacen eternas.
  2. Tomar cerveza y pelar pipas en la plaza con los amigos.
  3. Las excursiones a base de bocatas y tortilla en plan domingueros.
  4. Tomar una copichuela en buena compañía y charlar hasta las mil.
  5. Volver al pueblo y respirar ese olor a vaca y hierba fresca.
  6. Comer un helado mientras miro el mar.
  7. Tumbarme a echar la siesta en la hierba después de comer.
  8. Inflar la balsa y surcar el mar luchando contra todo oleaje.
  9. La ducha fresquita al llegar de la playa y dejar el pelo secar a lo salvaje.
  10. Pasear descalza por la playa mientras la brisa del mar me da en la cara.
  11. Chancletear el verano, día, tarde y noche.
  12. Leer un libro bajo un árbol.
  13. El olor a parrilla y el murmullo de fondo de la gente que quiero.

¡Feliz verano a todos!

Plural: 2 Comentarios Añadir valoración

  1. Piruli dice:

    ¡Y que razón tienes!
    Hace tiempo hice una reflexión similar y llegué a la conclusión que cuando más disfrutaba era cuando menos expectativas me hacía. Nada de viajar y ver y ver, prefiero irme cerca, descansar y ver alguna cosa, sin prisas, siempre hay algún pueblo bonito que no sale en el top de los sitios turísticos, y sino es un pueblo es un paisaje.
    Si es que se puede disfrutar hasta de tu propia ciudad.
    Besos

    1. ishaces dice:

      Es verdad!!! Yo hay sitios en donde vivo que todavía no conozco, son preciosos y los tengo al lado. Pero parece que cuando lo tienes todo a mano no lo valoras tanto y quieres lo que no es alcanzable. Así somos!

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